De cierta manera las crisis, ya sean financieras, sanitarias o de cualquier otra índole, las podemos ver desde dos ópticas: como tragedias sin solución o como nuevas oportunidades de crecimiento, de aprendizaje, de renovación y de cambio. Los acontecimientos inesperados, con un impacto significativo en nuestras actividades, nos invitan a repensar lo que somos y lo que hacemos. Nos dejan volver a imaginar un futuro mejor. Y esta es una gran oportunidad, pues estoy convencido de que entre más positivo sea el sueño, más profunda será la transformación.
Bien vista, esta coyuntura nos puede resultar muy útil para poner sobre la mesa lo mejor de nosotros mismos, de nuestras empresas, de nuestros colaboradores, de todo nuestro entorno. Es una invitación a salir de la rutina. Como bien lo señala el Dr. Wayne Dyer “cuando cambiamos la forma en que vemos las cosas, las cosas que vemos cambian.
Como líderes de nuestras empresas, nuestra obligación es otorgar certeza en un contexto marcado por el desconcierto, impedir que sea el miedo el que guíe nuestras acciones. Decía Víctor Frankl que la libertad del ser humano radica en darle sentido a los acontecimientos externos. De ahí que en nuestras manos y en nuestras acciones está darle un sentido positivo a los acontecimientos que estamos viviendo.
Yo los invito a todos ustedes a que ante estos nuevos retos pensemos en nuevas soluciones, que en la crisis veamos una ventana de oportunidad. Dejemos que las nuevas circunstancias influyan positivamente en nuestras acciones, en nuestros pensamientos. Tengamos la fortaleza, la creatividad y la humildad para comprender el mensaje que nos han dejado los acontecimientos de las semanas recientes. En mi opinión, el éxito en un entorno cambiante depende en gran medida de la capacidad de adaptación, de la flexibilidad de nuestras organizaciones y de sus líderes, que con visión den rumbo a los cambios y lleven a sus organizaciones a puerto seguro.
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