|
Algunos de los desafíos en materia de energía más
importantes a los que se enfrentan Estados Unidos y Latinoamérica
son: el alto precio del petróleo y del gas natural, la menor
producción en áreas tradicionales, la infraestructura
vulnerable y la inestabilidad política en áreas tradicionales
de producción, los problemas de seguridad en relación
con la infraestructura de la producción y la distribución,
y la inadecuada capacidad de refinación.
La seguridad de la energía en nuestro hemisferio puede mejorarse con políticas que expandan el suministro de energía, incrementen la eficiencia de la producción y consumo de energía, incentiven la utilización de las tecnologías más responsables desde el punto de vista ambiental, mejoren la transparencia y la eficiencia de la operación de los mercados energéticos, y refuercen la capacidad para responder a las interrupciones de abasto de petróleo.
En Estados Unidos estamos empeñados en ser mejores productores y consumidores de energía a través de nuestro esfuerzo para promover la conservación y expandir y diversificar nuestras fuentes de suministro. Estamos trabajando por mejorar el rendimiento de los energéticos en nuestro hogar, lugar de trabajo y medios de transporte.
Aunque existen energéticos en el mercado mundial, la seguridad sobre el abasto de energía en Estados Unidos se lleva a cabo trabajando con nuestros socios del hemisferio occidental para asegurar que todos produzcamos a niveles óptimos y que el desarrollo de nuestra infraestructura del consumo de energía tenga lugar de la manera más eficiente.
Creemos que nuestros países estarán mejor con un hemisferio fuerte y estable. También creemos que un hemisferio fuerte, estable y próspero lo pueden crear todos los países que basen su desarrollo energético, transporte y utilización con confianza en el mercado, empleando políticas que miren hacia el futuro y aborden de manera proactiva los retos energéticos de hoy y del mañana, utilizando las mejores tecnologías y una amplia gama de recursos energéticos para proporcionarle al consumidor las mejores alternativas.
Un ejemplo del esfuerzo constante de un gobierno por incrementar su inversión en energía es Colombia. Al verse ante la perspectiva de convertirse en un importador neto de petróleo, Colombia tomó medidas efectivas para mejorar su clima de inversión en 2003. En un esfuerzo por incrementar la transparencia e incentivar la exploración, el gobierno colombiano creó la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) para administrar el sector; responsabilidad que anteriormente estaba bajo el control de una compañía petrolera propiedad del estado, Ecopetrol. Como resultado de ello, actualmente Ecopetrol compite en igualdad de condiciones con compañías privadas, y ahora las compañías petroleras asumen hasta el 100% de la inversión y de las actividades con riesgo económico en todos los contratos de exploración y producción petrolífera. Las regalías cambiaron de una tasa fija del 20% a una escala móvil, comenzando en 8% para cantidades de producción más pequeñas, y aumentando a 20% según va creciendo la producción. El gobierno colombiano también estableció métodos innovadores para trabajar con compañías para abordar cuestiones de seguridad, invirtió cantidades significativas de dinero para proporcionar mejor información geológica y fijó varios objetivos estratégicos. La meta de esa iniciativa era proporcionarles nuevos incentivos a los inversionistas para que regresaran a Colombia y exploraran su vasta base de recursos, que prácticamente tenían sin explorar. Esas reformas han tenido éxito para atraer nuevas inversiones a Colombia.
En Perú se puede ver otra innovación positiva. En estos últimos años, el gobierno ha concedido nuevas licencias pero bajo una estructura contractual actualizada, las compañías han implementado planes de exploración y producción, y los proyectos de gas Camisea y el de Gas Natural Licuado (GNL) continúan avanzando. Los gigantescos campos de petróleo con presión de gas Camisea situados en Perú contienen por lo menos 11 Tcf de gas natural y tanto como 30 Tcf, y proporcionarán suministros al mercado de Estados Unidos directamente a instalaciones de regasificación en su costa occidental o por medio de instalaciones que se están construyendo en México. La expansión de suministro de gas de Sudamérica a México y a Estados Unidos, y las nuevas instalaciones de GNL ubicadas en México constituyen un gran ejemplo de los beneficios de contar con una mayor seguridad energética hemisférica para nuestras economías.
En 2007, Latinoamérica le suministró a Estados Unidos un tercio del petróleo que importa. La región también es una fuente importante y potencialmente mayor de gas natural. Trinidad y Tobago le proporciona a Estados Unidos el 70 % del GNL que importa. Existe un gran potencial de mercado por las reservas de gas de petróleo existentes en México, Perú, Bolivia y Venezuela. Las reservas de petróleo y gas del hemisferio occidental que no se han descubierto se estiman en 30% y 20%, respectivamente, de los recursos mundiales sin descubrir todavía.
Aunque estos países trabajan para que sus valiosas reservas de petróleo y gas se introduzcan en el mercado de energéticos, algunas naciones de Latinoamérica están haciendo un gran esfuerzo en lo que respecta a fuentes de energía alternativas. Por ejemplo, el compromiso de Brasil de producir etanol para el sector del transporte es un modelo bien documentado en el que se pueden basar muchos países. Brasil ha sido líder en la región en lo que respecta a crear los incentivos regulatorios y fiscales correctos para expandir el empleo de etanol y otras fuentes de energía no tradicionales.
En Latinoamérica sigue siendo un gran reto suministrar energía proveniente de fuentes diversas. Por ejemplo, en los países caribeños, más del 90% del consumo de energía proviene del petróleo. Desde hace mucho el principal combustible para las plantas de energía eléctrica caribeñas ha sido el petróleo.
En la marcada tendencia a no ser demasiado dependientes de ninguna fuente de energía en particular, Estados Unidos y los países de Latinoamérica deberían tratar de establecer políticas que diversifiquen sus fuentes de energía al mismo tiempo que sigan incrementando el nivel de vida de sus crecientes poblaciones. Como también se incrementa la demanda de combustible y energía, es vital la cooperación del hemisferio occidental sobre energía a los más altos niveles empresariales y gubernamentales.
La clave para esa cooperación es reconocer que las soluciones a los retos de energía a los que nos enfrentamos incluyen relaciones comerciales fuertes con nuestros aliados latinoamericanos. Tal como expone la reciente carta abierta al cuadragésimo cuarto Presidente de Estados Unidos y su Legislatura 111, la ampliación del comercio y la eliminación de barreras arancelarias y no arancelarias es un imperativo para tener un mercado energético más fuerte.
La creación de un mercado energético que apunte a una amplia gama de recursos energéticos y tecnología también será de gran ayuda para que Estados Unidos, Latinoamérica y otros países preserven el medio ambiente. A corto plazo, Estados Unidos trabajará con otros países en un marco global sólido que aborde el cambio climático y que sea compatible con las aspiraciones económicas de las naciones en desarrollo de todo el mundo.
Las naciones del hemisferio occidental quieren un futuro energético más seguro, lo cual depende en gran parte de la capacidad del sector privado para realizar inversiones y desarrollar nuevas fuentes de energía tradicional o renovable. Las personas encargadas de tomar las decisiones deben reconocer que el negocio de los energéticos es esencial para el éxito económico de este hemisferio.
|