Notas sobre
la Economía

 

Haciendo historia


Por la Dra. Deborah L. Riner

 

Hacer historia no es nada cómodo. Y eso es lo que Ben Bernanke, Presidente de la Reserva Federal, y el Secretario del Tesoro de EE.UU. Henry Paulsen, junto con los directores de los bancos centrales y los ministros de finanzas de todo el mundo han estado haciendo día con día desde principios de septiembre. A pesar de que se toma una medida sin precedente tras otra, quienes establecen las políticas a nivel mundial no han podido detener todavía la reacción en cadena de los mercados financieros. La preocupación por la solvencia se ha contagiado de los bancos a las compañías aseguradoras, a las compañías de financiamiento automotriz y a los conglomerados con operaciones financieras. Hasta el momento, la cuestión es la viabilidad de los fondos de protección. ¿Existen garantías que puedan detener el contagio?

La recesión está al acecho, si no es que ya comenzó. Los violentos cambios en los mercados accionarios reflejan la incertidumbre de cuánto tiempo durará, qué tan severa y qué tan extensa será la recesión. La gráfica 1 presenta los cambios porcentuales diarios del Índice Industrial del Dow Jones en 2008 que muestran el grado de incertidumbre con respecto al futuro. La segunda gráfica muestra la evolución del Dow este año y el anterior. Las gráficas no dejan lugar a dudas de que la pregunta es “qué tan mala será” y no “si ocurrirá”.

Gráfica 1

Gráfica 2

México no está exento de la reacción en cadena que ocurre a nivel mundial. En un bienvenido contraste con 1995 y las crisis anteriores, esta crisis no es auto-impuesta. Los fundamentos macroeconómicos son mucho más sólidos. Ni la inflación ni las tasas de interés deben multiplicarse como ocurrió en 1995. De hecho, es muy probable que ambos conceptos sean inferiores en 2009 (4.65% y 7.34% al final del año, respectivamente) que este año. El crecimiento también será menor en 2009, pero no solamente un poco más bajo. La tasa de crecimiento de México sufrirá por la menor demanda de manufacturas de exportación, una reducción en las remesas y los ingresos por el turismo, y una caída dramática en los ingresos petroleros, que serán afectados por el precio y el volumen. En el mejor de los casos, la economía crecerá apenas un poco (0.2%).

Los efectos inmediatos de la crisis, cuyo epicentro son los mercados financieros de EE.UU., se han reflejado en el tipo de cambio y los mercados financieros nacionales. La liquidez se agotó en los mercados financieros y el gobierno salió al rescate. Nafinsa y Bancomext están garantizando papel comercial de los sectores corporativo y financiero no bancario hasta por Ps$50,000 millones, y ofrecen Ps$35,000 millones en deuda y garantías a las PyMes (pequeñas y medianas empresas). La Sociedad Hipotecaria Federal (SHF) está apoyando el mercado de la vivienda al garantizar hasta Ps$20,000 millones más en deuda emitida por los intermediarios financieros. Y eso no es todo: la SHF también está apoyando el mercado de los préstamos de vivienda al adquirir y vender emisiones de deuda. Por su parte, el Banco de México está proporcionando liquidez al sistema bancario.

El comportamiento de los mercados accionarios mexicanos no ha sido diferente al del Dow u otros alrededor del mundo, como un balón desinflado. El 24 de octubre, el IPC regresó a sus niveles de noviembre de 2005, pero en términos de dólares, fue un 20.4% más bajo.

Las apuestas en los mercados de derivados con malos resultados impulsaron la dramática baja del peso. Esas posiciones corporativas, estimadas en US$ 15,000 millones, se deshicieron en su mayoría (se estima que solo US$ 1-2,000 millones todavía están pendientes de pago), pero el peso no ha regresado a su nivel anterior (ver la gráfica 3). El “desapalancamiento” está pasando factura: los inversionistas con necesidades de efectivo están vendiendo sus activos líquidos, dondequiera que se encuentren, incluso en México. No está relacionado con México, sino más bien con la necesidad urgente de contar con efectivo. Los sustanciales flujos de efectivo hacia las inversiones en cartera del año pasado y del primer semestre de este año mantuvieron al peso muy fuerte; cuando esos flujos se convirtieron en pérdida, empezaron las consecuencias para el tipo de cambio. El año próximo, el peso sentirá los efectos de un salto sustancial en la dimensión del déficit de la cuenta corriente, el producto de un menor ingreso del petróleo y una reducción en las remesas, así como la evaporación de la inversión en cartera como producto de la alergia mundial al riesgo. No se debe esperar que el peso se recupere al nivel que tenía durante el verano. No es probable que el tipo de cambio promedio en 2009 baje de Ps$13.

Gráfica 3

La economía mundial ha entrado a una nueva fase. Los tiempos de bonanza han quedado atrás y tardarán mucho en regresar. No será fácil solventar la deuda y será más costoso. El crecimiento será menor y habrá el gran riesgo de la estanflación (inflación provocada por el estancamiento económico). Ahora, más que nunca, es de vital importancia enfrentar los obstáculos de la competitividad.

La Dra. Deborah L. Riner es Economista en Jefe de American Chamber/Mexico.